Muy relacionado con la entrada anterior de este blog está el concepto del time-to-market, pero aquí lo voy a deformar un poco para dirigirme con este término al tiempo que tarda una organización minorista en poner a disposición del público un artículo cualquiera.

Después de muchos años trabajando en el sector de la distribución de calzado y textil en España, creo que una buena forma de medir la calidad de su organización es aplicar la siguiente fórmula:

(Tiempo añadido de utilidad/tiempo total requerido) * 100

De nuevo, en el caso de la venta al público, el tiempo de utilidad es aquel que empleamos en colocar el artículo en el escaparate, en colocar la mercancía en el almacén de cara a localizarla con facilidad cuando un cliente la solicita, etc. Es decir, tiempo que de una u otra forma añade valor para el cliente final. Desembalar mercancías, dar de alta las recepciones en el ordenador, trasladar los artículos desde un almacén a la tienda, etc. no le aportan nada a nuestro cliente, que lo que quiere es el producto de moda, en su talla, y por supuesto, al mejor precio.

De la fórmula anterior se deriva claramente que las organizaciones con almacenes centrales, tienen cadenas de trabajo mucho más largas que aquellas que reciben en tiendas, por tanto estas últimas son mucho más efectivas que las primeras.

El problema es que mi experiencia me indica que las organizaciones que hoy reciben en tienda, realizan todos los trabajos del almacén, más los de la propia tienda. Aún así siguen siendo más efectivas que con almacén central al eliminar la expedición, orden de trabajo de almacén y transporte a la tienda.

Sin embargo, para ser realmente efectivos se hace necesaria la ayuda del fabricante. La utilización de sistemas estándares de identificación de bulto SSCC, unido a sistemas de comunicaciones avanzados, que transfieran al ordenador del minorista el packing list de cada bulto, permiten que la recepción de mercancía se efectúe de forma eficaz y precisa. Con sólo el gesto de leer un código de barras por cada bulto que llega a la tienda.

El segundo punto negro, que implica costos en el distribuidor, es el etiquetado de la mercancía. Los fabricantes deben emplear códigos EAN13 cuanto antes, y transferirlos a los sistemas informáticos de sus clientes. Esto elimina la necesidad de etiquetado de las cajas de zapatos, al menos para la identificación del artículo.

Hay que solventar también la organización de los almacenes en las tiendas, que de forma masiva se basa hoy en el uso de un código único de modelo. Los proveedores no pueden etiquetar un código de artículo especial para cliente, esto sólo movería el costo del etiquetado del cliente al fabricante. Una solución potencial es un código único por modelo/color por fabricante, lo que implicará ligeros retoques en la tienda, pero a cambio elimina, ¡nada menos! que los costos del etiquetado y del manipulado actual.

 

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